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Ahi nos leemos.

Mi punto de partida es que cada grupo y aun cada sujeto social tiene sus propias concepciones sobre lo que vale le pena saber y lo que no es necesario saber. En este sentido podríamos decir que cada grupo o sujeto social tiene su propio inventario diferencial de saberes e ignorancias.

El maestro y la legitimación del conocimiento. SEP Antología E3511 
UPN. p. 157

Aun los fines más validos que pueden expresarse por palabras harán, como la palabras, más daño que beneficio, a menos que se reconozca que no son fines, sino más bien sugestiones para los educadores respecto a cómo observar, cómo privar adelante y cómo escoger para liberar y dirigir las energías de las situaciones concretas en que se encuentran.

DEWEY John; Democracia y educación (Una introducción a la filosofía de la educación); 2ª Ed; Ed Morata; Madrid, España; 1997; ISBN: 84-7112-391-6 pp.98

un texto de Jorge Luis Acanda

El concepto de educación es más amplio que el de enseñanza. No apunta sólo al aprendizaje de conocimientos, sino al análisis del conjunto de todas las estructuras e instituciones que condicionan la formación de la subjetividad de las personas, sus procesos de socialización e individuación, el desarrollo de sus potencialidades y capacidades. El objetivo de la educación, entendida en esta acepción abarcadora, es el de contribuir a la formación de seres humanos imbuidos de aquellos valores que consideramos positivos. La siguiente formulación de Federico Mayor es indicativa al respecto: Educar es más que informar e instruir; es forjar la mente y el carácter de un ser humano y dotarlo de autonomía suficiente para que alcance a razonar y decidir con la mayor libertad posible, prescindiendo de influencias ajenas, de tópicos y lugares comunes. Es fomentar el desarrollo de una vida espiritual propia y diferenciada, de gustos y criterios auténticos. [1]

Es evidente que esta concepción sobre la educación parte de un supuesto que convencionalmente podemos llamar “filosófico”: asumir al individuo como un ente dotado de la capacidad de actuar, de determinar racionalmente los objetivos y modos de su actividad, y de conformarse a sí mismo en la medida en que conforma su entorno. Actividad, racionalidad y auto-creación son tres principios básicos sin los cuales sería imposible fundamentar una teoría de la educación. Los mismos que se han intentado expresar en forma sistematizada por la filosofía con la categoría de sujeto desde hace más de 300 años. La problemática del sujeto, por lo tanto, resulta ser un punto de confluencia entre la teoría de la educación y el pensamiento filosófico. Esta confluencia encontró clara expresión en la Ilustración, que se pensó a sí misma como un movimiento filosófico encaminado al perfeccionamiento del individuo y la sociedad. La definición presentada por Kant es bien clara al respecto: Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. Leer más »

Y es bueno recordar que la educación como tal no tiene fines. Sólo las personas, los padres y maestros, etc., tienen fines no una idea abstracta como la educación. Y consiguientemente, sus propósitos son indefinidamente variados, difiriendo con niños diversos, cambiando con el crecimiento de los niños y el desarrollo de la experiencia de quien enseña.

DEWEY John; Democracia y educación (Una introducción a la filosofía de la educación); 2ª Ed; Ed Morata; Madrid, España; 1997; ISBN: 84-7112-391-6 pp.98